2025-08-30
“No cambiaría ni un solo fotograma”

En 1985, Alfonso Ungría estrenó ‘Ehun metro’, un intenso drama ambientado en el convulso País Vasco de los años setenta, en plena dictadura franquista. La película, rodada en euskera y basada en una trilogía literaria, abordaba de frente temas como la represión política y la tortura, convirtiéndose en una obra singular dentro del cine español de la época. Casi cuatro décadas después, ‘Ehun metro’ regresa en una versión restaurada que se proyectará en la sección Klasikoak del Festival de San Sebastián. Hablamos con Ungría sobre el origen del proyecto, su rodaje, la recuperación de la cinta y el reencuentro emocional con una ciudad —Donostia— que es, según él, la verdadera protagonista de la historia.
¿Cómo nació la idea de crear ‘Ehun metro’? ¿Qué te llevó a contar la historia?
Los productores Ángel Amigo y Jesús Acín me propusieron adaptar esa novela, una trilogía que querían rodar en euskera. La leí. Me gustó su conflicto dramático y el retrato que hacía de la sociedad donostiarra. Como me había criado en parte en esa ciudad, Donostia, y tenía mucha familia allí, para mí suponía reencontrarme de nuevo con sus vivencias y personajes. Mi única condición fue escribir el guion.
La película aborda de manera directa la tortura y la represión en los años de plomo. ¿Tuviste algún tipo de presión o censura durante la producción o el estreno?
Lo cierto es que no recibí ninguna presión.
¿Qué desafíos tuviste al rodar una historia tan dura y tan reciente en el tiempo?
Siempre me he hecho responsable de la absoluta fidelidad a la obra original. Y, en cuanto a mi trabajo, mi único deseo es realizar una obra artística, honesta y creativa. Con esa convicción, espero que el resultado sea una película de valor intemporal. Aunque comprendo que, en cada época histórica, la recepción, aceptación y comprensión de una obra varía según influencias, modas e ideologías dominantes o accidentales, tales diferencias no afectan a la propia obra ni tampoco a su creador; por lo que no las considero.
Respecto a su rodaje, lo recuerdo como perfecto. Actores y técnicos se volcaron en ella con entusiasmo. Solo hubo un gran problema (ahora anecdótico): como la historia ocurría durante la dictadura, su escenario principal, la plaza de la Constitución (entonces Plaza de España), debía estar limpia —en ese 1970 que recreábamos— de todas las pintadas que cubrían sus paredes en 1985. Hubo que hablar con todos los grupos abertzales para que, una vez borradas, no volvieran a pintar las mismas mientras duraba el rodaje. A los cinco minutos de finalizarlo, mientras recogíamos, vi llegar a un puñado de jóvenes cargados de botes y brochas.
¿Cómo surgió la idea de restaurarla?
La idea y su desarrollo, por lo que conozco, se han gestado y producido entre la Filmoteca Vasca y EITB (propietaria del film). Espero que una labor tan importante como esta, recuperando el acervo cinematográfico de nuestra tierra, siga repitiéndose. Una vez más quiero agradecérselo y, para aprovechar la buena estela, ya he solicitado la recuperación de La conquista de Albania.
¿Cómo fue para ti reencontrarte con Ehun metro tantos años después? ¿Participaste en el proceso de restauración?
Para su restauración en Bolonia, se me ha invitado, por los promotores mencionados, a viajar hasta allí para revisar y dar el visto bueno a la copia resultante.
Todo el proceso, para mí, me ha devuelto los olores esenciales de Donostia. Porque, al fin y al cabo —y aparte de la peripecia dramática de los personajes principales, que vertebra el film—, la verdadera protagonista es la ciudad y sus gentes. Sus luces y sus sombras: su verdad cinematográfica.
¿Crees que el proceso de restauración permite rescatar y resignificar ciertas películas en un nuevo contexto social y político?
Si alguien busca “resignificar” una obra artística es una opción suya, tan libre como personal. El cine tiene que ver con síntesis, con imágenes. Pero algunos, en lugar de imágenes, quieren conceptos. La obra nunca cambia de significado, pues este es consustancial a su verdad existencial y original. “En el arte vale lo atemporal, no la moda” (Hermann Hesse).
¿Qué le dirías a los jóvenes que ven hoy Ehun metro por primera vez, sin haber vivido ese contexto?
Lo mismo que a los espectadores de cualquier edad, género y procedencia: que la vean como cualquier película, sin prejuicios, y se abandonen al relato, a sus imágenes.
¿Qué significa para ti que ‘Ehun metro’ se proyecte en la sección Klasikoak del Festival de San Sebastián?
Para mí es un orgullo y una enorme satisfacción cada vez que nuevos espectadores —y más si son verdaderos aficionados como los que asisten al Festival de San Sebastián— descubren una película mía que, como esta, fue realizada con toda la pasión y el esfuerzo que pude verter en ella, hasta vaciarme.
Has trabajado en cine, televisión y documentales. ¿Qué lugar ocupa ‘Ehun metro’ en tu trayectoria?
Uno muy importante. En lo personal, un cúmulo de emociones, como todo reencuentro con mis viejos amores: Donostia, mis abuelos y mi madre, mis paisajes y mis recuerdos. En lo profesional, uno de mis films preferidos. En su realización no tuve que luchar contra financieros insensibles ni censura alguna, pues se me dieron medios suficientes y, lo más importante, una total libertad.
Si pudieras volver a rodarla hoy, ¿cambiarías algo? ¿La contarías igual?
No cambiaría ni un solo fotograma.