2026-03-09
"Muchas de las personas que ya lo han visto nos han contado que les hizo conectar con las cocinas de sus abuelas y con sus propias experiencias, y eso es algo mágico"
La directora asturiana Inés G. Aparicio ha logrado emocionar al público y a la crítica con su cortometraje ‘La diva, mi abuela y yo’, recientemente seleccionado en la sección Cortometrajes Animazine del Festival de Málaga. Entre recuerdos, música y fantasía, Aparicio reconstruye la historia de su abuela Esperanza y rescata la memoria de las primeras cupletistas españolas, mujeres libres y revolucionarias que inspiraron generaciones.
¿De dónde surge la idea de ‘La Diva, Mi Abuela y Yo’ y qué te inspiró a contar esta historia entre recuerdos, música y fantasía?
El germen de la película surgió en un momento post-COVID. Mi abuela Esperanza, que ya pasaba de los 90 años, se fue a vivir con mi madre y aproveché para sentarme con ella, charlar y grabar nuestras conversaciones. Estas se iban hilando mientras mirábamos juntas fotos y vídeos familiares, entre los tarareos y refranes de mi abuela. En uno de esos momentos cantó: «Se dice que muy pronto, si Dios no media, tendremos las mujeres que ir a la guerra y yo, como medida de precaución, ya estoy organizando mi batallón», y ahí empezó todo… Descubrir que Lilian de Celis (la última cupletista en activo y vecina de mi pueblo) había popularizado esta canción en los años 50; que estaba dispuesta a dejarme trabajar con todo su archivo; que Rodrigo Cuevas se animaba a realizar la banda sonora junto a ella; y que Sultana Films nos iba a acompañar en este maravilloso viaje.
La animación puede ser muy exigente. ¿Cuáles fueron los mayores desafíos o dificultades que encontraste durante el desarrollo del cortometraje?
Es mi primer trabajo de animación, así que todo el proceso en sí fue un reto. La animación es un planeta diferente, con sus propios ritmos, lenguaje y códigos, así que contar con Diego Herguera como productor fue clave para afrontar el proceso creativo, la producción y la toma de decisiones.
En el cortometraje, una nieta viaja a través de los recuerdos de su abuela y se encuentra con personajes fantásticos, incluidas mujeres libres y con sueños sin límites. ¿Por qué era importante para ti incluir estas figuras?
Creo que generacionalmente hemos crecido con una falta de referentes femeninos considerable y encontrarse con la primera generación de cupletistas, las sicalípticas como ellas mismas se denominaron, fue un regalo. Realmente fueron mujeres revolucionarias, rompieron con todo y es muy injusto que se las conozca tan poco. Mientras me documentaba sobre esta época (finales del XIX, principios del XX) aparecieron muchas similitudes con el ambiente sociopolítico actual así que dejar la semilla de estas mujeres en los y las espectadoras que vean el corto es abrir una ventana a la reflexión sobre el pasado, el presente y el futuro.
Desde que comenzaste el proyecto hasta su selección en el Festival de Málaga, ¿cómo ha sido el recorrido de ‘La Diva, Mi Abuela y Yo’ y qué momentos destacarías de su trayectoria en festivales?
Fue muy emocionante hacer la premiere en SEMINCI, por ser uno de los festivales más longevos y consolidados a nivel estatal. Además, que tuviera la impronta de José Luis Cienfuegos, quien dirigía el Festival de Gijón durante mi adolescencia, lo hizo aún más especial. Cada festival que nos ha seleccionado ha dejado su huella en el recorrido del cortometraje. Y cuando se combina con proyecciones acompañadas de encuentros con el público —como los que tuvimos en Cangas de Onís o en MUSOC, en Gijón— se completa el círculo de crear y compartir cine.
Tu trabajo ha sido seleccionado en la sección Cortometrajes Animazine. ¿Qué significa para ti que se proyecte allí y qué te gustaría que el público se llevase?
Estamos muy felices con esta selección. Es muy importante que existan secciones dedicadas a la animación en los festivales, y poder estar programadas junto a compañeras como Carmen Córdoba o Valle Comba es todo un lujo. Me gustaría que el público pasara un buen rato, y creo que el corto se presta a ello. Muchas de las personas que ya lo han visto nos han contado que les hizo conectar con las cocinas de sus abuelas y con sus propias experiencias, y eso es algo mágico. Al fin y al cabo, todas hemos sido nietas o nietos, y además… ¿a quién no le gusta una diva como Lilian de Celis y un poco de purpurina?
Después de este cortometraje, ¿qué te gustaría seguir explorando en tus próximos proyectos?
Rescatar una memoria que está en peligro de desaparecer siempre me impulsa a seguir trabajando. Por eso continuaré caminando con los ojos bien abiertos, porque después de la experiencia de ‘La diva, mi abuela y yo’ queda claro que las pequeñas cosas, lo más cotidiano, pueden abrirnos las puertas a mundos maravillosos.

