2026-03-09
“Queremos que cada persona pueda encontrar algo propio dentro de la historia”
‘Ultramarino’, el cortometraje de Maren Zubeldia y Silvina Guglielmotti, llega a la Sección Oficial del Festival de Málaga tras un recorrido por festivales como Zinebi y Bogoshorts. Con sensibilidad y mirada íntima, la película explora la identidad y los cuerpos no binarios, cuestionando las normas sociales y los roles de género que damos por sentados. En esta entrevista, las directoras nos cuentan cómo cada proyección transforma la historia, cómo el público se convierte en parte de ella y cómo su cortometraje busca abrir un espacio de reconocimiento y reflexión para todas las personas.
¿Qué supone para vosotras que ‘Ultramarino’ haya sido seleccionado en la Sección Oficial de cortometrajes del Festival de Málaga?
Silvina Guglielmotti: Es nuestra primera película como directoras y lo vivimos con una mezcla de sorpresa y calma. Durante mucho tiempo, ‘Ultramarino’ fue un proceso muy cercano, construido desde la intuición y el diálogo constante entre las dos. Hoy, ver que empieza su recorrido en festivales lo vivimos, sobre todo, como una suerte: la de que la película haya encontrado a quienes quisieron mirarla y compartirla, y la de empezar a abrir preguntas que, durante el proceso, fueron para nosotras muy íntimas.
Maren Zubeldia: Málaga es un festival importante y que ‘Ultramarino’ tenga un hueco dentro de la Sección Oficial supone un impulso muy grande para nosotras como directoras. Se trata de un corto escrito desde una inquietud y una intención muy personal. Nos planteamos si es posible vivir en un mundo no binario y, más allá, habitar un cuerpo no binario dentro de nuestra sociedad. Queremos llegar a todo tipo de espectadores para compartir esta inquietud. Ojalá Málaga abra el camino dentro del circuito de festivales; intentaremos llegar a todos los rincones que podamos.
¿Sentís que esta selección marca un antes y un después para el proyecto?
Silvina: No sé si hablaría de un antes y un después, pero sí de un cambio de etapa. Cuando el corto inicia su recorrido, comienza también otra relación con él: aparecen resonancias que ya no dependen de una misma, y eso transforma la vida de la película.
Maren: Es una alegría muy grande estar seleccionadas en un festival como Málaga; nos hizo muchísima ilusión cuando recibimos la noticia. Ya estamos preparando nuestros siguientes proyectos, y algo así, sin duda, genera confianza para seguir escribiendo e intentar sacar adelante el siguiente. En todo proceso creativo hay momentos duros en los que se pierde la perspectiva y la motivación, y noticias como esta ayudan a recuperar la confianza y el impulso para continuar.
Desde el estreno en Zinebi hasta ahora, ¿cómo ha evolucionado vuestra relación con la película?
Silvina: En Zinebi fue la primera vez que pude verla sin estar atravesada por el proceso de hacerla. A partir de ahí, la relación cambió: empecé a mirarla con más distancia y a reconocer cómo cada proyección revela matices distintos, especialmente al observar cómo personas muy diferentes se acercan a la historia desde lugares inesperados. Con el tiempo, dejó de estar tan ligada a la intención inicial y empezó a definirse también por lo que surge en cada proyección.
Maren: Después de Zinebi, nos fuimos a Bogoshorts, en Colombia. Allí el público nos sorprendió con su reacción, ya que muchos eran muy jóvenes y estaban muy interesados en las tradiciones vascas y en las disforias de género. Nos dimos cuenta de que habíamos logrado uno de los propósitos que teníamos al contar esta historia: queríamos crear un referente, un espejo donde mirarse, un personaje que pusiera en duda los marcadores de género binarios, sin caer en una historia trans. Esta es una historia no binaria. Cada proyección nos regala diferentes reacciones y conversaciones con el público, y siento que, cada vez más, esta historia es menos nuestra y más de la gente con la que la vamos compartiendo.
¿Cómo ha sido el paso de ‘Ultramarino’ por festivales? ¿Y qué han significado para vosotras los reconocimientos que ha ido acumulando el corto?
Silvina: El recorrido lo fuimos viviendo paso a paso. La entrada en el catálogo de Kimuak fue especialmente importante, porque permitió que la película comenzara a viajar y a encontrar un recorrido que nos habría sido muy difícil por nosotras mismas. A partir de ahí llegaron selecciones como el Festival Internacional de Cine de Gijón, Zinebi y el estreno internacional en Bogoshorts, experiencias que vivimos con mucho agradecimiento. Cada invitación ha sido una forma de acompañamiento hacia la película y una oportunidad para que siguiera su camino más allá del lugar en el que nació. Que ahora continúe en el Festival de Málaga lo vivimos desde ese mismo agradecimiento hacia quienes hacen posible que estas historias encuentren espacio y proyección.
Maren: Me sorprende mucho que hayamos recibido reacciones tan variadas entre personas de edades muy diferentes. Se nos han acercado adolescentes, pero también personas mayores. Mucha gente se ha preguntado lo mismo: ¿pero qué es, chica o chico? Me gusta que nos pregunten eso. Nuestra manera de socialización revela una limitación profunda: la incapacidad de aceptar el género como fluido y la constante necesidad de encasillar dentro de esa dualidad. Queremos dejar claro que existen identidades y cuerpos no binarios, y que merecen un lugar en nuestra sociedad. Pero no solo en la sociedad: también en la representación, en los libros, en las películas, en el teatro… Por eso nos empeñamos en contar la historia de Zazu.
¿Habéis recibido mensajes de personas que se hayan sentido identificadas con la historia?
Silvina: Sí, y lo interesante es que los mensajes llegan desde experiencias muy diversas. Algunas personas hablan de identidad, otras de la relación con las tradiciones o con el lugar que se espera que ocupen. Ahí entendí que la película no se reconoce solo en su contexto concreto, sino en sensaciones que muchas personas han vivido de maneras distintas.
Maren: ‘Ultramarino’ es una historia que pone en duda muchas normas sociales que, a veces, están tan integradas en nuestra sociedad y nuestra manera de ver el mundo que ni siquiera nos detenemos a cuestionarlas. Al dialogar con el público después de las proyecciones, hemos podido debatir sobre las costumbres que heredamos y los roles que reproducimos. Creemos que todas las personas han sentido, en algún momento, que no comulgaban con alguna norma social, y el público lo ha experimentado así al ver el cortometraje.
¿Qué esperáis que pase ahora en Málaga?
Silvina: Me gustaría que cada persona pudiera encontrar algo propio dentro de la historia. Aunque parte de una tradición muy concreta, ‘Ultramarino’ habla de algo bastante universal: la necesidad de pertenecer y, al mismo tiempo, la dificultad de ocupar el lugar que otros esperan de ti. Ojalá la película permita reconocerse desde ahí, ya sea a través del vínculo con las tradiciones, desde la duda o desde esa sensación de no encajar del todo en el sistema que nos rodea.
Maren: Hemos ubicado la historia de Zazu en un pequeño pueblo pesquero en Euskal Herria, pero creemos que plantea un tema universal. Mostrar el cortometraje en diferentes festivales fuera de nuestra región permitirá conectar con otras tradiciones y culturas. Queremos que esto sirva para cuestionar los roles binarios que reproducimos y las herencias que recibimos casi sin darnos cuenta, para reivindicar un lugar a las identidades y cuerpos que no encajan en esa dualidad y, al mismo tiempo, poner en evidencia la violencia que sufren.
Después de este viaje, ¿qué historias sentís que necesitáis contar ahora?
Silvina: Ahora estoy desarrollando ‘La Esquela’, un cortometraje que observa qué ocurre cuando alguien muere y cómo se reorganizan las relaciones alrededor de la despedida. Si en ‘Ultramarino’ el cuerpo era un territorio en transformación, aquí aparece un cuerpo ausente que, aun así, sigue hablando y condicionando a quienes quedan. Me interesa seguir explorando el cuerpo como el lugar donde se activan los conflictos. Es un proyecto que nace como corto y que, ojalá, pueda crecer y convertirse en algo más amplio con el tiempo.
Maren: Esta vez me he atrevido a lanzarme a escribir sola. Estoy trabajando en el guion de un largometraje que cuenta la historia de una niña de once años que siente el despertar de un amor inocente hacia su entrenadora de hockey, una joven de 18 años que, a causa de una lesión, ha tenido que dejar el deporte. La niña recibe la invitación para participar en una concentración importante de hockey y deberá decidir si eso es lo que quiere hacer. Esta decisión implicará no formar parte del equipo de su colegio el curso siguiente y, por lo tanto, no volver a ver a su entrenadora.

