2026-03-06
“Queremos que el público nos acompañe sin juzgar, observando y escuchando en lugar de etiquetar”
La directora Patricia Ortega presenta ‘9 lunas’ en la Sección Oficial (fuera de concurso) del Festival de Málaga. La comedia feel-good sigue a Ángel, un hombre trans que, justo cuando está a punto de completar su transición, recibe una noticia inesperada: está embarazado. Ortega aborda la gestación desde una perspectiva única, explorando identidad, masculinidad y los retos de plasmar esta historia en la pantalla grande.
Para quienes todavía no conocen la película, ¿podrías contarnos de qué trata ‘9 lunas’?
Es una película feel-good que cuenta la historia de Ángel, un hombre trans que está a punto de completar su transición cuando recibe una noticia inesperada: está embarazado. Esto le obligará a tomar una decisión que pondrá a prueba su identidad y sus sueños.
El protagonista es un hombre trans embarazado. ¿Qué retos creativos o logísticos surgieron para llevar esta historia a la pantalla?
Uno de los retos más importantes a los que nos enfrentamos al abordar la historia de una gestación en una persona trans —concretamente, en un hombre trans— fue, en primer lugar, desde el punto de vista de los efectos especiales: cómo diseñar de forma realista y orgánica el crecimiento de la barriga en su cuerpo.
Para lograrlo trabajamos con una empresa excelente, Barbatos VFX. Escanearon el cuerpo de Zack, nuestro protagonista, y diseñaron toda la transformación y el crecimiento de la barriga adaptados a su fisonomía. Evidentemente, cada embarazo es distinto: cada persona que gesta lo vive de forma diferente según las características de su cuerpo. No todos los embarazos son iguales. El reto, en este caso, era lograr que ese embarazo resultara verosímil y que se integrara de manera natural en el cuerpo de nuestro protagonista.
Desde el punto de vista logístico también fue complejo, porque utilizamos varios tipos de barriga. Teníamos botargas que se colocaban debajo de la ropa, una prótesis completa para las escenas en las que el cuerpo se veía desnudo y una prótesis parcial que cubría solo la parte frontal. Todo esto condicionó bastante el plan de rodaje. La barriga terminó siendo casi un personaje más: algo que había que cuidar constantemente y que determinaba la forma y el orden en que rodábamos los planos.
Pero más allá de los retos técnicos y logísticos, creo que el desafío más interesante fue creativo y, al mismo tiempo, personal: repensar la idea misma de la gestación y construir simbólicamente lo que entendemos por embarazo.
Cuando pensamos en el embarazo desde un punto de vista normativo o convencional, la mayoría de las personas asocia automáticamente esa imagen con la palabra “mamá” o con una mujer. Esto ocurre casi sin darnos cuenta, porque es lo que culturalmente se ha normalizado. El gran reto fue precisamente cambiar esa perspectiva y comprender la gestación también desde la experiencia de una persona trans, en este caso, un hombre trans.
En la película buscamos vivir ese embarazo desde su masculinidad y desde la realidad específica del personaje. Es alguien obsesionado con el cispassing y con parecer un hombre —entre muchas comillas— convencional dentro del marco binario. Este embarazo, sin embargo, rompe por completo esa concepción, obligándolo de algún modo a deconstruirse.
Para mí, lo más interesante de la película fue poder observar la gestación desde un cuerpo masculino y cuestionar todas esas representaciones simbólicas que solemos asociar con el embarazo normativo. Incluso para mí, como mujer cis, resultó revelador. Muchas de las imágenes y objetos que culturalmente se utilizan para representar la gestación —por ejemplo, la ropa prenatal— no solo me parecen muy limitados, sino que tampoco reflejan la experiencia de muchas mujeres cis, y mucho menos la de las personas trans.
Abrir ese universo, cuestionar esas imágenes y pensar la gestación desde otras experiencias fue, para mí, el reto creativo más estimulante y, al mismo tiempo, uno de los aspectos más gratificantes de la película.
Presentar ‘9 lunas’ en el Festival de Málaga supone un escaparate relevante. ¿Qué significa para vosotros mostrar la película en este contexto?
El Festival de Málaga es una plataforma muy interesante para visibilizar y dar a conocer las películas desde un enfoque también comercial. Creo que lo más valioso de Málaga no es solo su dimensión sociocultural —fundamental en cualquier obra, especialmente en el cine, que habla desde la conexión humana—, sino también su dimensión industrial.
Por un lado, está la conexión directa con el público: con la comunidad de Málaga y con espectadores que se acercan al cine desde la curiosidad genuina y el disfrute de ver películas que muchas veces no llegan a los circuitos comerciales. Al mismo tiempo, Málaga es un festival donde se encuentran numerosos actores y profesionales del mundo cinematográfico, tanto a nivel nacional como internacional.
Esto es muy importante porque convierte al festival en una ventana de visibilidad para las películas: ante los medios de comunicación, otros festivales, críticos y posibles distribuidores. Todo ello ayuda a impulsar la circulación de la película, no solo en España, sino también en otros territorios.
Creo que lo interesante del Festival de Málaga es precisamente ese equilibrio. Por un lado, mantiene el valor esencial de un festival de cine: acercar al público películas que quizá no tendría oportunidad de ver en otros espacios. Al mismo tiempo, conecta esas películas con el sector industrial y comercial del cine, lo cual es fundamental para que puedan abrirse camino.
Para nosotros, que esta sea la primera proyección de la película en España representa una ventana de difusión muy importante. Forma parte del camino que todavía le queda por delante, un trayecto que no solo incluye el circuito de festivales, sino también su vida comercial en salas y, eventualmente, en plataformas. En ese sentido, Málaga genera expectativa, nos da visibilidad y eso es algo muy valioso para cualquier película.
Al abordar temas como género, identidad y expectativas sociales, ¿qué esperáis que los espectadores se lleven tras verla?
Es una historia profundamente humana, existencial y vital. Buscamos que genere conversación y abra preguntas sobre todos y cada uno de nosotras y nosotros desde la empatía. La película aporta algo muy necesario: preguntas. El cine nos invita a reflexionar. Queremos que el público nos acompañe sin juzgar, observando y escuchando en lugar de etiquetar.
Tras Málaga, ¿tenéis previsto un recorrido internacional en festivales o mercados cinematográficos?
Sí. Junto a nuestra distribuidora, Caramel Films, y a nuestro agente de ventas, Latido Films, estamos trabajando en una ruta de festivales, tanto nacionales como internacionales, como parte de la estrategia de lanzamiento y distribución de la película.

