2026-08-31
«Ander eta Yul’ interpreta conflictos vivos en aquel momento en Euskadi y, querámoslo o no, en otros mundos»
Ana Díez regresa al Festival de San Sebastián con ‘Ander eta Yul’, su ópera prima, restaurada casi cuatro décadas después de su estreno, y recibe el Premio de la Filmoteca Vasca por su trayectoria.
¿Qué te impulsó a contar la historia de ‘Ander eta Yul’? ¿Qué querías explorar a través de la amistad entre dos personajes que viven realidades tan distintas?
En 1986, mis pretensiones de dirigir y escribir una película estaban muy lejos de plasmarse. El productor Ángel Amigo, con quien había trabajado en equipos técnicos de sus producciones, me propuso dirigir una película. Fue una propuesta que no podía dejar de aprovechar. Creo recordar que le dije que quería tratar en la historia la militancia en ETA y la heroína, como dos realidades que arrasaban a gente de mi generación en esos momentos. Durante las dos últimas décadas del siglo XX muchos jóvenes murieron por sobredosis y otros, en Euskadi, creían en la transformación social ejecutando penas de muerte sin juicio. Con todo el sentido polisémico que puede tener esta frase.
Ander y Yul tienen un origen muy similar, han sido adolescentes compartiendo habitación, enseñanza y comedor en un seminario. Los dos han evolucionado de manera diferente, pero los dos son capaces de provocar la muerte de otros. Yul se siente muy arraigado en su tierra y Ander no encuentra su lugar en el mundo. La construcción dramática de los personajes se va tejiendo poco a poco. Puede que al final sea la relación entre el buen militante y, de alguna manera, el aventurero.
Tu ópera prima obtuvo el Goya a la Mejor Dirección Novel y ahora regresa al Festival de San Sebastián restaurada, dentro de la sección Klasikoak. ¿Qué significa que una película nacida en 1988 siga encontrando nuevos espectadores casi cuarenta años después?
Las películas, como las serpientes, siempre reptan, algunas buscando erguirse. Muchas veces me he preguntado que harán los topos cuando no salen a la superficie, pero sé que cuando reaparecen, dejan su huella en forma de montículos que nos recuerdan que la vida está llena de manifestaciones, a veces incomprensibles para nosotros. Lo único que nos queda cuando las vemos es celebrar que existan.
Sobrevivir siempre es una pretensión, a veces ilusoria y otras emocionante.
Mientras haya un espectador dispuesto a dirigir su mirada a una obra, sea de ahora o de hace 40 o 100 años, se genera una forma más o menos latente de renacimiento.
Has supervisado personalmente el proceso de restauración. ¿Cómo ha sido volver a revisar la película plano a plano y qué has descubierto de ella que quizá no veías en 1988?
El comienzo de la proyección en Bolonia fue un momento muy tenso, durante el visionado del primer rollo, tenía la misma sensación que experimenté cuando pude ver por primera vez la proyección de la película en 1988, una mezcla de sensaciones contradictorias, como si los personajes que se movían por los encuadres tuvieran existencia propia y con la oportunidad de hurgar otra vez en sus vidas ¿Los había retratado como eran? ¿Faltaba algún aspecto, alguna secuencia que mejorara su composición?
Unos meses después de presenciar varias proyecciones durante la restauración, creo que las decisiones dramáticas en la construcción de los personajes y las de puesta en escena fueron las que retrataban mejor lo que quería expresar.
La película retrata una realidad muy concreta del País Vasco de finales de los años ochenta. ¿Cómo crees que ha cambiado la mirada sobre ‘Ander eta Yul’ desde entonces? ¿Piensas que el público actual la interpretará de una forma distinta a la de 1988?
Ander eta Yul es una historia que interpreta, en sus personajes, conflictos vivos en ese momento en Euskadi y, querámoslo o no, en otros mundos. La educación común en el mismo seminario de los dos protagonistas les hermana, pero no les hace enfrentarse a la realidad de idéntica manera. Ander, que sobrevive como puede del pequeño trapicheo, sale de la cárcel no para encontrar una nueva vida sino para darse cuenta de su desarraigo. Yul es miembro de un comando legal de ETA y no se atreve, en la práctica, a cuestionar las órdenes que recibe. Sara es un personaje que se encuentra fuera de esos mundos y convierte la sucesión de los días en sombras oscuras que dibuja en la noche.
La historia de hermandad cainita de los protagonistas masculinos prosigue hasta que se precipita en el abismo, mientras ella decide alejarse de ese mundo en busca de otra luz para sus pinturas. “Udan hemen”, escribe, con la esperanza de que quizá, cuando vuelva, si vuelve, todo haya cambiado.
Una historia que ocurre al final de la década de los ochenta del siglo pasado de la que todavía suenan, cada vez más lejanos, los ecos de sus pasos para todos los que los escuchamos.
Además de esta proyección, recibirás el Premio de la Filmoteca Vasca por tu trayectoria. ¿Qué significado tiene este reconocimiento en un año tan especial para ‘Ander eta Yul’?
Me parece un honor y me resulta muy gratificante. La palabra misma de re-conocimiento parece indicar la posibilidad de atraer nuevos espectadores a los trabajos realizados y que los he planteado como una carta abierta al posible público. Si eso puede ocurrir, no me corresponde a mi negarme esa posibilidad sino disfrutarla.

