2026-09-11
“Lo que faltaba por hacer era un retrato que nos muestre la máscara de Oteiza, no su rostro”
El 14 marca ‘Hamalau gau’: catorce son las noches que transcurren en la película y los apóstoles de Oteiza a los que hace referencia, y catorce son también los años que han pasado desde su primera visita al Festival de San Sebastián. Hablamos con el director Oskar Alegria sobre su nuevo trabajo y su regreso a Donostia, donde la película participará en Zabaltegi-Tabakalera.
Para quien aún no conozca ‘Hamalau gau’, ¿cómo presentarías la película?
Un viaje a través de catorce noches por el ideario del artista vasco Jorge Oteiza.
‘Hamalau gau’ no plantea una biografía convencional de Jorge Oteiza. ¿Qué te interesaba explorar del artista y qué mirada querías ofrecer sobre él?
La ventaja es que ya existe: esa biopic ya está hecha y muy bien hecha, o incluso su retrato artístico ya ha sido filmado y bien filmado. Lo que faltaba por hacer era un retrato que nos muestre la máscara de Oteiza, no su rostro. Por eso él no aparece en el filme, ni siquiera su obra: solo los 14 apóstoles y, sobre todo, la intemperie, que es la máscara que creo que mejor revela un Oteiza oculto. La misma intemperie que soportaron sus apóstoles al ser prohibidos y permanecer tirados en la carretera. Esa falta de refugio y exposición a la dureza es lo que los hizo más grandes.
¿Qué significa ‘Hamalau gau’ y por qué elegiste ese título?
El título hace referencia al número de sus apóstoles. En la película se hace de noche catorce veces y cada una de ellas sucede a la anterior y se relaciona con la siguiente como en un único friso. Y son catorce porque, como el mismo Oteiza decía para sus apóstoles: “no cabían más”.
La película se estrenará en Zabaltegi-Tabakalera del Festival de San Sebastián. ¿Qué supone para ti presentar allí este proyecto?
Casi que es su lugar natural, me atrevería a decir. Oteiza, Arantzazu y, si me permites la extensión, un navarro que devuelve a su casa natural el pálpito del artista de Orio, como en un viaje de regreso. Oteiza es siempre eso, un viaje de regreso.
No es la primera vez que acudes a San Sebastián. ¿Cómo vives este regreso y qué tiene de diferente respecto a ocasiones anteriores?
Con mucha ilusión y con aire celebrativo. Fíjate cómo todo está en los números. Hace 14 años exactamente, yo presentaba en la misma Zabaltegi mi primer paso en el cine: ‘Emak Bakia baita’. Entonces fue Man Ray el copiloto del viaje. Ahora es Oteiza. Ambos dejaron el cine por la misma razón: querían hacer películas que parecieran una escultura, pero veían que no era posible. Para mí, el reto ha sido hacer un filme con forma de friso, un friso de noches.
¿Qué esperas que encuentre el espectador en ‘Hamalau gau’? ¿Te gustaría que saliera del cine con alguna sensación o pregunta en particular?
Creo que no hay que pensar en eso. Para mí, Oteiza es siempre un misterio, una puerta que se abre para mostrarte otra puerta cerrada. Si con este filme agrandamos su misterio, algo, que no poco, habremos conseguido.
Tras San Sebastián, ¿qué recorrido esperas que tenga la película?
De momento, ya se ha puesto viajera. Nada más salir del horno, un par de festivales la han seleccionado en su sección oficial. Mi intriga es si tendrá su eco también fuera de nuestra geografía, pero, por ejemplo, uno de esos festivales es italiano. Italia siempre es un buen deseo.
¿Estará disponible para el público general fuera del circuito de festivales?
La película nace de un encargo y proyecto de EITB que ha sido una carta blanca absoluta, y serán ellos los que, tras una ruta de proyecciones por festivales, centros de cultura y arte, decidan cómo emitirla y darle cabida en sus canales habituales.
De cara a futuro, ¿estás trabajando en algún nuevo proyecto?
Quizás “desoteizarme”, en el buen sentido lo digo. Hice un libro sobre sus anotaciones al margen en los libros de su biblioteca, un ciclo y un estudio de su cine, y ahora este largometraje. Cierto es que Oteiza es inagotable, ‘besarkaezina’, que dice Bernardo Atxaga, y que a cada paso con él nace el asombro y la sorpresa, pero, sinceramente, siento que con este último “vals” llega el momento de danzar en solitario de nuevo. Como hacen las arañas en los eclipses, y es algo que se cita en el filme: llega una noche extraña y curiosa en la que, sin saber por qué, destejen su propia telaraña.

